Tuesday, March 22, 2011

With a Feeling: jodíos ordenatas

Computer Took My Job (1984)
by Maurice John Vaughn


















Computer took my job away from me

Computer took my job away from me


I was at work that mornin'

When the big trucks came

With the big machines inside

My boss had us all gather 'round

He said "the computers gonna make,

they gonna make your work easier

Don't you worry 'bout a thing"

But don't you know, don't you know

When the work is too easy

Lord they don't need you no more


Computer took my job away from me


Then the layoffs came

Puttin' good people out of work

For some people it's the only work they know

Twenty long years I worked

I tried to live right
And they take it all away

Give the work back to the people
We don't need a handout



















Computer took my job away from me

Computer took my job away from me
Play organ now...
[organ solo by Leo Davis]

Oh yea
h

Seems like your best just ain't good enough

Give me my job

Give me back my job

Don't you let, don't you let the computer take it all away

Oh can't you see

Can't you see I need
Can't you see I need, need my job


Computer took my job away from me

(What you say, sonny?)

Computer took my job away from me

Computer took my job away
I need it baby

Give the work back to the people

We don't need a handout

Don't take my job away

Hmmmm...


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[El ordenador me dejó en el paro / El ordenador me dejó en el paro
Estaba currando esta mañana / Cuando llegaron esos camiones / Con las grandes máquinas dentro/ El jefe nos reunió a todos / Nos dijo "los ordenadores van a haceros / van a haceros el trabajo más fácil / No tenéis que preocuparos por nada".
Pero, ¿sabes? cuando el trabajo es demasiado fácil / Señor, ellos ya no te necesitan.
El ordenador me dejó sin curro / Después llegó la reducción de plantilla / llevando al paro a todos esos colegas / Pero algunos, ese trabajo es el único que saben hacer
Veinte años estuve trabajando allí / Intenté hacer siempre lo correcto / Y ellos me han dejado sin nada / Devolved el trabajo a la gente / No necesitamos limosnas / El ordenador me dejó en el paro / ¡Dále a ese órgano, sí...!
Parece que lo mejor de tí no es suficientemente bueno / Devolvédme el trabajo / No dejéis que lo haga el ordenador / ¿Pero no véis, no véis que lo necesito? / El ordenador me dejó sin curro / (¿Qué dices, Sonny?) / El ordenador me dejó sin curro / Y lo necesito, nena / Delvolved el trabajo a la gente / No necesitamos una limosna / ¡No me quitéis el curro! / Hmmmm... ]


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Copyright Maurice John Vaughn (1984).
En el álbum
Generic Blues Album (Alligator Records).
Maurice John Vaughn - Vocals, Guitar & Saxophone.
Leo Davis - Keyboards. Kenny Pickens - Bass.
Bill Leathers - Drums. Chicago, 1984.



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High Tech Blues
(2003)
by Wallace Coleman









I bought my wife a computer
'bout 3 or 4 weeks ago
She got so excited
she said "Daddy, I love you so!"
They put it all together
I even bougth her a brand new chair
But since she sat down with that damn thing
she don't even know I'm here

I got them high tech blues
'cause my woman is busy all the time
Yeah you know I ain't got no real good lovin'
since my baby got on line.















She just wake up in the morning
about the break of dawn
Checkin' all that email
she turn that thing on
If I asked for my breakfast
is like lookin' for a fight
She said: "Don't bother me right now, daddy,
because I'm working on my website!"

I got them high tech blues
'cause my woman is busy all the time
Yeah you know I ain't got no real good lovin'
since my baby got on line.














I've tried to be a good man
'cause you know I love my wife
But that modem and hard drive
is about to ruin my life
I'm gonna download all that mess in there
I'm gonna bust that scanner, too
I'm gonna take that floppy disc and
cut up that little mouse, too.

I got them high tech blues
and I just can't stand no more
Yeah, between that woman and that damn computer
somebody's got to go.

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[ Le compré a mi mujer un ordenador / hace 3 ó 4 semanas / ¡Se puso tan contenta...! / Me dijo "Papi, cómo te quiero!" / Se lo dejaron todo listo / Incluso le compré una silla nueva / Pero desde que se sentó delante de esa maldita cosa / Ya no sabe ni cuándo estoy aquí.
Tengo esos blues de los ordenatas / Porque mi mujer está siempre ocupada / Sabes, no he tenido amor de verdad / Desde que mi chica está 'on line'.
Se levanta por la mañana / al amanecer / y ya enciende esa cosa / para mirar el correo electrónico / Si le pido el desayuno / es como si buscara pelea / Me dice : "No me molestes ahora, papi / que estoy trabajando en mi web.
Tengo esos blues de los ordenatas / Porque mi mujer está siempre ocupada / Sabes, no he tenido amor de verdad / Desde que mi chica se conectó.
Intenté ser un buen tipo / Porque, sabes, yo la quiero / Pero ese módem y ese disco duro / Me van a arruinar la vida / Voy a llevarme todos esos chismes / Y voy a cargarme ese escáner también / Voy a coger esos disquetes / Y voy a desenchufarle el ratón, también.
Tengo esos blues de los ordenatas / Y ya no aguanto más / Sí, entre esa mujer y ese maldito ordenador / ¡uno de los dos va a tener que largarse!]

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Copyright Wallace Coleman (2003).
En el álbum The Bad Weather Blues (Pinto Blue Music).

Wallace Coleman (Vocals, Harmonica),
with Bob Stroger (bass), Billy Flint (guitar) and others.





Escucha un poquillo aquí... o aquí.
- Jay Bee Rodríguez

Tuesday, March 15, 2011

Conversando con Otis Rush

Son casi las 3 de la mañana. Un dolor de muelas me atormenta sin piedad, de manera que abandono el lecho y acudo rápidamente en busca de "mi medicina" (Johnny Walker Black Label 12 Years Aged, porque los preparados químicos de la farmacia se han desmostrado tan ineficaces como imprevisibles sus efectos secundarios). A ver, a ver: ¿algún bluesman dolorido que me acompañe en tan ingratos momentos con su mensaje sincero, sufrido y catárquico? Sí, eso es, ¡Otis Rush! Por ejemplo, con su "Right Place, Wrong Time", ideal para esos momentos nefastos en que todo, lo que se dice todo, lo ve uno bastante "wrong":


Con Otis Rush es fácil abusar de los superlativos, pero es que se lo merece. Como decía Screamin' Jay Hawkins, siempre tan agudo: "otros se limitan a subir a un escenario, cantan unas canciones y se van". Y Otis, no. Otis tiene el blues, y de qué manera. Hace ya un mazo de años que Dick Shurman, productor en Alligator y en otros sellos y uno de los principales gurús del Chicago Blues, me puso sobre aviso. Mr Shurman pudo ver en vivo en los clubs unas cuantas veces no sólo a Muddy, Wolf, JB Hutto, Floyd Jones, Big Walter... en fin, sino a todos; imagínense lo que había disponible a finales de los 60 por allí: la repera confitada, lo más selecto del blues más jondo. Pero su respuesta fue rápida y decidida cuando tuvo que elegir un nombre sobre todos los demás, el músico que le había impresionado de por vida, por encima de cualquier otro, con una actuación estremecedora y memorable. Otis Rush. El blues en estado de trance.

"Pero la regularidad, la constancia, no es su fuerte", dirán algunos. Puede ser, pero a mí, como al Sr Shurman, éso me importa poco: porque ¿qué prefiere usted, cantidad o calidad? Por una parte, ningún corazón, ninguna salud aguanta mucho tiempo semejantes niveles de intensidad expresiva como si tal cosa (acuérdense, por ejemplo, de Elmore James, de Freddie King o de Magic Sam) y, de hecho, Otis ha ido arrastrando intermitentes pero importantes problemas sanitarios desde hace muchos años. Y por otra, para los que no pudimos verle en su salsa en sus mejores días, las sesiones Cobra y algunas otras posteriores son buen indicio, y lo van a seguir siendo siempre, de lo que era capaz de hacer este hombre con el blues. Teniendo en cuenta además lo esporádicas, rarísimas, que han sido siempre sus visitas a Europa (mala suerte para nosotros que encontrara esposa en Japón y no en Holanda o en Suecia) no puede sorprender que muchos de los que asistimos a su única actuación en Madrid (mayo de 1995), a pesar del deficiente sonido de la sala y demás, viviéramos el evento casi como una suerte de experiencia religiosa.


Con calma, horas antes del concierto, acudí al hotel en compañía de mi hermano Juan Antonio para someter a interrogatorio al gran bluesman, y también, cómo no, para de paso examinar sus herramientas de trabajo, esa Strato y esa Gibson ES. Nos recibió con la probervial amabilidad y cortesía niponas su esposa Masaki y, en unos minutos, estábamos frente al maestro.

- Naciste en Philadelphia, pero no la célebre ciudad de Pensylvania, sino en el estado de Mississippi...
- Así es.

- ¿Conociste en el Sur a algunos músicos de blues locales, antes de emigrar a Chicago?
- No. La verdad es que me fui a Chicago muy joven, siendo aún un teenager. Había escuchado a John Lee Hooker, a Charles Brown y a Muddy Waters, en discos, antes de ir al Norte. Pero no toqué en Mississippi hasta después de grabar mis primeros discos, cuando salí de gira por los clubs de Clarksdale, Meridian, Jackson...

- ¿Cómo fueron los comienzos en Chicago?
- Cuando llegué a la ciudad, fui a ver a Muddy Waters, que tocaba en el club Zanzíbar (era un local muy importante entonces); la suya fue la primera banda que escuché en vivo. Eso me impulsó a aprender a tocar, con la guitarra de mi hermano. Luego empecé a tocar en clubs con Dave Myers, Louis Myers y Fred Below. Y así me conocieron Eli (Toscano) de Cobra Records, y Willie Dixon. Willie me vió tocando y me dijo: "¿Te gustaría grabar un disco?". Así fue. Grabé mi primer disco en el '55, "I Can't Quit You Baby".


- Willie Dixon era "el hombre" en aquella época, ¿no es cierto?
- Ya lo creo, Willie era el padre del blues entonces, un gran compositor. Yo aprendí a escribir canciones sólo observándole a él. Bueno, de hecho, ¡él me escribió la primera canción que grabé! Pero después me dejó grabar mis propios temas. Un día, en el estudio, le dije: "Creo que tengo algo mejor; he estado escribiendo". Y canté "Love That Woman".

- ¿Qué pasó con Cobra Records?
- Bueno, el dueño murió, le mataron [Eli Toscano apareció ahogado en el lago Michigan]. Se dedicaba al juego, y me parece que debió jugarse a los dados todo el dinero que sacó con "I Can't Quit You Baby". De hecho, debía dinero a diferentes personas que habían grabado para él.
Cuando murió Eli, yo me quedé sin compañía de discos, así que fui a grabar a Chess [1960]. Grabé "So Many Roads", y me parece que también "All Your Love", pero ésta no llegaron a editarla. Grabé cuatro temas, pero sólo editaron "So Many Roads" y "Keep On Loving Me Baby". Me parece que todavía guardan el resto del material.


- ¿Sabes que se editaron más tarde en un LP llamado "Door To Door", con temas de Albert King?
- Sí, los pusieron con temas de Albert, pero no tocábamos juntos.

- ¿Conociste personalmente a Albert?
- Sí, nos encontramos alguna vez en los camerinos y tocamos juntos.

- Tu estilo de guitarra y el suyo tienen algo en común, esa forma de estirar las cuerdas, quizás por el hecho de ser zurdos. El mismo estilo que también imitaba Stevie Ray Vaughan; él solía decir que, en realidad, las cuerdas de la guitarra deberían ir colocadas al revés, con los agudos arriba para hacer mejor los bendings...
- Sí, pero la verdad es que cuando yo empecé a tocar no sabía distinguir zurdo de diestro. Empecé tocando con la guitarra en la postura normal, pero luego la cambié, para coger el mástil con la mano derecha. De hecho, puedo tocar también un poco con la guitarra en postura de diestro. Pero cuando empecé no conocía a ningún guitarrista zurdo, no sabía que Albert King tocaba también con la guitarra cambiada. Yo no sabía cuál era la postura buena, ¡y sigo sin saberlo!
Cuando salieron mis primeros discos ví también a muchos otros jóvenes en el West Side tocando con las cuerdas de la guitarra al revés, intentando sacar mi sonido o el de Albert.

- Sigamos con los discos...
- He tenido muchos problemas con las grabaciones. Primero lo de Cobra y luego Chess, que me grabaron cuatro temas y sólo editaron dos. Después de Chess grabé para la compañía Duke de Don Robey. Toqué cuatro temas para él en Houston, Texas. Me hicieron un contrato de cinco años, pero no sacaron más que un disco en todo ese tiempo. La verdad es que no he tenido más que problemas con las grabaciones. Luego grabé para Atlantic, con Nick Gravenites y Mike Bloomfield, su sección de viento ["Mourning In The Morning"]. Después de eso, "Right Place, Wrong Time".

- Quizás tu mejor disco, o uno de los mejores...
- Sí. Tuvo una nominación a los Grammy. Lo grabé en 1971, pero no lo editaron hasta 1977. Fíjate, tuvo una nominación Grammy y no lo editaron hasta seis años después.

- Continuamos repasando tu carrera discográfica...
- Bueno, "Right Place, Wrong Time" me benefició bastante, porque realmente llevaba algún tiempo sin grabar discos. Entre éste y mi siguiente grabación, "That's Enough Comin' In" [This Way Up, 1994], también pasé bastante tiempo sin nuevos discos.

- ¿Sabes que Buddy Guy también tenía una experiencia muy similar: empezó en Cobra Records, luego grabó para Chess...
- Sí, es cierto.

- ...luego pasó también algunos años sin...
- ...sin contrato discográfico, sí, así fue. Creo que no solucionó el problema hasta hace tres ó cuatro años [1991], con esa gente de Nueva York, y ahora su carrera está bien arriba. Yo estuve esperando hasta hace unos seis años.

- ¿Y qué ocurrió en los '80, con esos tratos con otras compañías de Chicago, como Alligator y Rooster?
- Sí, fue con Rooster, pero no me gustó lo que estaban haciendo. Abandoné el estudio. Me pusieron la mezcla de lo que había grabado y no me gustó. También hubo problemas con el equipo del estudio, los altavoces y demás, así que lo dejé, preferí esperar antes que grabar para ellos. También podría haber grabado para otras compañías diferentes que me lo ofrecieron entonces, pero después de todos los problemas que viví en el pasado, preferí esperar. Ahora tengo un trato con Mercury [1995], y probablemente iré al estudio en un par de meses.

- ¿Entonces has encontrado por fín la compañía adecuada?
- Sí, esta compañía me parece lo mejor que he tenido desde la época de Cobra.

- ¿Cuáles son, en tu opinión, las grabaciones que se ajustan más al tipo de sonido que te gusta para tu música? ¿Las sesiones Cobra, tal vez?
- Sí, me gusta el sonido de los discos Cobra, y de hecho, en mi último CD ["Ain't Enough Comin' In", 1994], intento conseguir un sonido parecido a ése, al viejo sonido Cobra.

- Tienes también un disco grabado en directo, llamado "Tops"...
- Sí, "Tops". Me grabaron en el festival de San Francisco [1985], con la banda de Bobby Murray.

- Me gustaría que nos citaras a los músicos que consideras tus principales influencias...
- Bueno, yo diría que Muddy Waters, que, además, fue el primer artista que ví actuar en directo. Me encanta su toque. Pero también me encanta Kenny Burrell... T-Bone Walker...

- Muddy decía a finales de los '70 que el "deep blues" se estaba perdiendo, porque no había muchos músicos que tocaran el auténtico estilo jondo como él, y os citaba a tí y a Albert King...
- Bueno, cuando empecé a tocar, al poco de llegar a Chicago, fue Muddy el primero en quien me fijé. En aquel momento me quiso grabar la compañía Chess, antes de que yo llegara a un acuerdo con Cobra, pero los Chess dijeron que yo sonaba demasiado parecido a Muddy. Así que no me grabaron entonces, pero después de salir los discos de Cobra sí que lo hicieron.

- ¿Has utilizado alguna vez guitarra slide?
- Sí, toque slide alguna vez en el escenario, al principio. Luego conocí a Earl Hooker. Creo que él era el mejor con el slide. Pero yo he intentado sacar un sonido parecido al suyo sin usar el slide, sólo con los dedos, por eso grabé "I Wonder Why" para Bullfrog Records.


- ¿Cómo afinas la guitarra?
- Mi principal guitarra es... bueno, una guitarra para diestros, normal, pero colocada al revés.

- ¿En afinación normal?
- Afinación normal, pero la guitarra al revés, con los agudos arriba. Te la voy a enseñar...

[Otis saca del estuche su Gibson ES-355 de los años 60, y toca la introducción de "I Wonder Why"]

- Me encanta el sonido del slide. Puedo tocarlo bastante bien al estilo Muddy.

- ¿Qué calibre tienen las cuerdas, un 010?
- Sí, 010 en la primera.

- Para usar el slide, ¿no viene mejor un calibre más grueso, como el 013, y la action (distancia de las cuerdas al diapasón) más alta, también?
- Sí, pero yo me apaño bastante bien sólo haciendo bendings en las cuerdas...

- ¿Y la Stratocaster?
- Sí, también la voy a usar esta noche. Ésa tiene cuerdas más gruesas.

- ¿Qué amplificador usas en directo?
- Mesa Boogie. Tiene buen sonido.

- ¿Y en los discos?
- Fender. Los dos, ampli y guitarras Fender.

- ¿Sabes leer música?
- Sí, aprendí al poco de llegar a Chicago. Reggie Boyd me enseñó a leer música y también unos cuantos acordes nuevos. No toco rápidamente leyendo al primer vistazo, pero sí me puedo hacer una idea para tocar los acordes correctamente.

- En algún disco has grabado composiciones que utilizan acordes poco comunes en el blues, como los de sexta y séptima mayor en "Rainy Night In Georgia"...
- Así es.

- Hace un momento has hablado de Kenny Burrell. ¿Algún otro guitarrista de jazz que te guste especialmente?
- Sí, conocí a Joe Pass, uno de los más grandes.

- Tienes en tus discos versiones de algunos clásicos del Soul y R&B, como "Somebody Have Mercy" de Sam Cooke...
- Sí, me gustan mucho sus discos.

- ...o "A Fool For You" de Ray Charles. Creo que tus versiones de estos temas tan conocidos están entre las mejores...
- Gracias. También grabé para el disco anterior otra canción de Ray Charles que no se llegó a editar, "Night Time Is The Right Time".

- ¿Qué canciones tienes previstas para el próximo disco ["Any Place I'm Going"]?
- Bueno, sobretodo temas míos. Quizás también alguna versión, pero sobretodo quiero grabar mi propio material. Estoy escribiendo mucho estos días. A veces escucho esas viejas sesiones Cobra, que me dan inspiración. También he tenido muchas experiencias en este negocio, y en la vida, y de ahí saco temas para las canciones.

- ¿Grabarás con la misma banda de "Ain't Enough Comin' In"?
- No. Estos eran músicos de estudio, la mayoría. Para la próxima grabación me gustaría controlar más los arreglos, y trabajar antes con los músicos. Bueno, quedé bastante satisfecho con el anterior disco; todos eran grandes músicos. Pero ahora me gustaría preparar el trabajo antes con el resto del grupo, que conozcan bien mi música antes de grabar.

- ¿Sueles ensayar antes de una gira?
- Sí, porque cambio de músicos muchas veces, y es la única forma de que todo pueda sonar bien.

- ¿Cuáles consideras que son los más adecuados para tu estilo?
- Bueno, me gusta mucho Fred Barnes en el bajo. También John Kattke en la guitarra rítmica... en fin, me encantan todos los guitarristas.

- ¿Vas de gira normalmente en cuarteto, sin sección de viento?
- No. Suelo llevar bajo, batería, piano y también dos saxos, pero esta vez no han podido acompañarme.

- Echarás de menos los vientos...
- ¡Ya lo creo! Los vientos te dan mucho más cuerpo. A veces añado un trompetista, también, en algunas giras. En el Chicago Blues Festival toqué con tres vientos. Y en las grabaciones, es estupendo cuando tienes una sección de viento que sabe cómo tocar tu música, todo es mucho más fácil. Por eso cuando voy a grabar, me gusta reunirme antes con los músicos y ensayar, que podamos conseguir un buen sonido todos juntos.


- Todavía hay músicos que piensan que tocar blues es fácil... hasta que tocan con alguien como tú.
- Aaahh... ¡no es tan fácil!

- ¿Es difícil hoy día decir algo nuevo en el blues? ¿Qué te parecen las nuevas generaciones?
- Ah, he visto muchos nuevos músicos en Chicago, y en otras ciudades también. Bueno, suenan bien. En el club Legend's de Buddy Guy he visto a muchos colegas jóvenes. Yo no llamaría blues a todo lo que tocan, pero suenan bien.

- ¿Hay alguno que te haya gustado en especial?
- Bueno, yo no destacaría a uno en especial, hay docenas de músicos jóvenes en los clubs. Me gustan los saxofonistas; también los guitarristas, que son mayoría. Me encantan todos los guitarristas.

- ¿Qué consejos darías a un principiante?
- ¿A los guitarristas?

- Sí.
- Bueno, todos quieren triunfar, ser los más grandes. Como yo aprendí fue escuchando los discos muy despacio, con calma. Sí ponía el disco y lo que oía era muy rápido para mí, bajaba el tocadiscos de 45 a 33 revoluciones, y así hasta que podía sacar todas las notas, poco a poco. Bueno, ¡hoy ya no se usan discos de ésos! Pero el blues no es algo que se pueda aprender rápidamente. Hay algo que no viene en los libros...

- ¿Tienes muchos discos en casa?
- No demasiados. Tengo una selección. Alguno nuevo de Eric Clapton. Muddy Waters. James Brown. T-Bone Walker. Robert Cray, también.

- ¿Conoces algo de blues más antiguo, como Big Bill Broonzy?
- No. Realmente empecé cuando llegué a Chicago, en los '50. Pero he escuchado también a Billie Holiday y a otros cantantes anteriores a mi época, como Louis Jordan. Me gusta el Country & Western, también.

- ¿Conociste bien a Magic Sam?
- Ah, era un tipo realmente estupendo. Auténtico. Una gran persona. Empezó conmigo en Cobra Records.

- Con un "All Your Love" también...
- Aaah, sí, pero una canción diferente...

[ Magic Sam en el club Sylvio's, 1968. Foto George Adins-Black Magic]

- ¿Howlin' Wolf?
- Fue un gran cantante, pero para mí también fue un estupendo armonicista. No tocaba muchas notas, pero las que tocaba eran realmente fuertes...

- Creo que, en los comienzos, llegaste a tocar con los Kings of Rhythm de Ike Turner...
- Bueno, Ike tocó la guitarra en "Double Trouble". El tocó parte de la guitarra solista, y yo toqué el resto. Sólo en "Double Trouble" y "Keep On Loving Me Baby".

- Ike tenía un vibrato de esos poderosos, como el tuyo, sacudiendo todo el brazo...
- Aaaahh, así es.

- ¿Tocas también guitarra acústica?
- Bueno, tengo alguna en casa, pero no me gusta para el escenario. Los agudos no dan un buen sonido.

- ¿Eres aficionado a las jam sessions?
- No mucho, realmente. Bueno, tengo una grabación con Buddy Guy, Magic Slim y Charlie Hicks, que toca la armónica.


- ¿Qué opinas de esos guitarristas que tocan tu estilo casi nota-por-nota?
- Hombre, eso me hace muy feliz. Creo que es algo bueno, cuando puedes escuchar tu propia música tocada por otros. Además, eso es lo que hemos hecho todos: no he oído a ningún guitarrista cuyo sonido no se parezca también al de otros músicos. Yo nunca intenté desarrollar un estilo especial. Simplemente toco. Muchos hablan de ello, pero muy pocos conocen la verdad: yo, simplemente toco.
Comencé escuchando a Muddy Waters, a John Lee Hooker, también a pianistas como Charles Brown... Al principio, yo tenía un sonido muy parecido al de Muddy, y por eso la Chess no me quiso grabar. Tocaba las canciones de Muddy en los clubs: "Still A Fool", "Mojo Workin'"...
Bueno, Eric Clapton ha tocado mi música muchas veces...

- También habéis tocado juntos alguna vez...
- Sí, la última fue en la primavera pasada, que me llamaron para tocar con él en el club de Buddy Guy. Somos buenos amigos.


Casi en el tramo final de la reunión, abusando de la amabilidad de nuestro anfitrión como era menester, le pregunto si me permite ponerle las manos encima unos instantes a su Gibson roja, a lo que Otis accede de buen grado. Reproduzco en ella la introducción de "Rainy Night In Georgia" de su disco "Right Place", y el maestro al reconocerla me regala una sonrisa sincera que, francamente, no creo que olvide nunca. Mi idea era examinar de cerca el instrumento y averiguar si presentaba alguna particularidad concreta, ya saben, en cuanto a calibre y acción de la cuerdas, afinaciones, pastillas y demás. Pero no. Como ya se habrá imaginado cualquiera que conozca y ame su música, la guitarra era una magnífica herramienta, pero no había en ella nada que pudiera dar alguna clave insólita de por qué Otis Rush suena como suena. El secreto, obviamente, reside... en otro sitio.

-Jay Bee Rodriguez

Friday, March 11, 2011

Last Night (para mi amigo Rufus)

"¡Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma...!"


Me entero ahora por la Red de que ha fallecido un buen amigo que conocí a mediados de los 80, el armonicista sevillano Rafael "Rufus" Barbudo, un tipo auténtico y apasionado con el que compartí momentos inolvidables en cuatro ciudades diferentes. Un amigo que no sólo no voy a olvidar, sino cuyo recuerdo me veo en la obligación de refrescar y compartir. Me llega la triste noticia, precisamente, por la maldita Red, donde da la casualidad de que había intentado localizarle, sin ningún éxito, desde hace varios años. Peor aún: me entero ahora (¡ahora!) de que disponía de varias páginas propias y blogs donde podría haber contactado con él de haberlo sabido antes. Ni siquiera he podido acudir a su entierro, porque la noticia me ha llegado con casi una semana de retraso y, además, me ha pillado inmovilizado en casa con escayola y muletas.

No nos veíamos desde hace casi 20 años, y no puedo (no debo) ni imaginarme la cantidad de cosas que podríamos haber compartido hoy. Por ejemplo, esa pasión por la más difícil de todas las técnicas pictóricas, la acuarela. Por ejemplo también, otro "arte" aún más difícil, que no puede aprenderse en ninguna escuela además: la paternidad. O, sencillamente, intercambiar impresiones, frente a unas copas de fino, sobre la decadencia de la especie en general, y de esta España lanar en particular, donde ya casi todo está prohibido y penado por la ley, excepto ser un puto borrego analfabeto; sobre el lamentable estado de malestar que ha traído el "pensamiento único" del buenismo, más falso que un amigo en Facebook; Y, por supuesto, hablar sobretodo de ese incurable "virus" que ambos teníamos bien inoculado desde mucho antes de conocernos: el Blues.

Pienso en Rufus y me acuerdo inmediatamente de Junior Wells, otro Auténtico, Caballero del Blues, inmejorable artista y todavía mejor persona. Era noviembre de 1985 y Junior llegaba a Madrid por primera vez junto a Buddy Guy. Para constatar que el Hoodoo Man existía de verdad, que era de carne y hueso y se le podía entrevistar, acudimos a su hotel en las horas previas al concierto. Rufus vino desde Sevilla con su máquina de fotos y habría de currarse un magnífico reportaje de todo el acontecimiento. Después de citarnos con Buddy Guy para hablar con él también pausadamente en los camerinos del teatro Pavón, subimos a la habitación de Mr Wells a probar suerte.

Nos abrió la puerta Junior en paños menores, con la redecilla para el pelo puesta y luciendo unos abdominales, bueno, dignos del más profesional spot americano de máquinas para hacer abdominales, al tiempo que respondía afirmativamente a nuestra solicitud de cita en la cafetería del hotel. Y allí, enfundado ya en su tres-piezas de lamé, con sombrero, y entre caladas a su inseparable cigarrillo Cool, Junior nos fue despejando todas las dudas que quisimos plantearle sobre lo divino, lo humano y lo bluesístico. Como Rufus no entendía el inglés, nos amenizaba la charla con su armónica, cuando no estaba disparando la cámara o pidiéndome que le tradujera al maestro alguna pregunta concreta sobre el instrumento. Junior debió darse cuenta de que, en efecto, lo nuestro con el Blues era mucho más que un pasatiempo o una afición, y el inicial desconcierto se transformó rápidamente en uno de esos momentos mágicos, que tan inesperadamente pueden salpicar nuestras sedentarias biografías: nadie lo anticipó, a decir verdad; nadie va a olvidarlo tampoco, mientras viva, éso también es seguro.

A lo mejor segundas partes no suelen ser buenas. O a lo mejor sí, vaya ud. a saber, y resulta que el que dijo éso (D. Miguel de Cervantes) pues como que no era muy aficionado al Blues que digamos. El caso es que la segunda vez que coincidí con Junior Wells y con Rufus, en julio del 86 en Alicante, no sólo fueron instantes mágicos, sino que lo fueron doblemente, porque allí estaba también el amigo Buddy Guy, y los de Chicago estaban explicándose como libros abiertos en un lenguaje que todos -Rufus más que nadie- entendíamos sin duda alguna: la música. Rufus y un servidor acertamos a camuflarnos entre los cortinajes a la izquierda del escenario para asistir, estupefactos, apenas a unos metros de distancia, a lo que puede ocurrir (pero casi nunca ocurre) cuando se juntan dos de los mejores y deciden emplearse a fondo. Junior se daba palmaditas en el hígado mientras soplaba su armónica con el ímpetu de sus mejores discos, en tanto que Buddy, que esa noche había dejado milagrosamente aparcados los medleys de Hooker-Hendrix-Cream y demás, le estaba haciendo echar humo a su Guild de media caja con "Stormy Monday" o "Look On Yonder's Wall" como sólo él sabe hacerlo cuando quiere frente al público: mejor áun que en sus mejores discos. En fin, Rufus me miraba; yo miraba a Rufus. Volvíamos la vista al escenario, y volvíamos a intercambiar miradas. Pero no decíamos una palabra: ¡estaba todo bastante claro!

Naturalmente, tuve que ir también a "ver lo que pasaba" en Sevilla. Rufus me habló de los "legendarios" de allí, como Silvio de Barra Libre o los Smash, y me llevo a La Taberna de Pilatos y a La Carbonería; estuvimos con el bajista Juan Arias y su Blues Deluxe en la radio; me presentó a otros que soplaban con conocimiento de causa, como Juan Guerrero El Príncipe de Gales, Mingo Balaguer, Manolo Arcos, y a otros pioneros del blues sevillano como los guitarristas Julio Colín o Carlos Cepeda y los Entresuelos. Entre copitas de fino y can-ne mechá, más de una noche terminamos "cerrando" la ciudad, que ya sólo nos quedaba apalancarnos en alguna placita de Triana para evocar a Sonny Boy con una armónica y una guitarrita española.

En el 85 nos acercamos a Almería también, donde le escuché por primera vez soplar con una banda completa frente al público, la Bulla Blues Band del amigo Paco Campos, en la Sala Zaguán. "El Gran Rufus" (así, directamente, anunciaban sus actuaciones en cierto antro de perdición sevillano) volvió a Madrid en la primavera del 86 (de esas fechas tengo alguna imagen suya tocando con Billy Branch en el San Juan) y también al año siguiente, para ver a Albert Collins. Tremendo el Maestro de la Telecaster, por cierto; charlamos también con él junto a Tonky y Johnny B Gayden, y fue muy agradable la sorpresa que se trajo en aquella ocasión Rufus a Madrid: un guitarrista sevillano, menor de edad y peluquero por tradición familiar, llamado Lolo Ortega, que después iría a formar parte de la Caledonia Blues Band. Por entonces creo que Rufus andaba también muy activo en los escenarios con su nuevo grupo The Bluesters. También compartimos alguna decepción, porque "esto" de la música, ya se sabe... Como el fiasco de James Cotton en Madrid y en el Prado de San Sebastián sevillano, donde agotamos directamente todo el repertorio de exhabruptos hacia la nula profesionalidad del cantante y armonicista, para nosotros ya mucho menos legendario, din duda.


Rufus se quedó en mi casa unos días cuando vino a Madrid una vez más, ahora por motivos laborales pero no musicales, y en la Semana Santa de 1991 decidí devolverle la visita, en plan turista total. Me alojé en su casa, mientras él rogaba a los cielos que terminaran de una buena vez los festejos locales. Ya saben, la Semana Santa sevillana: o la amas o la odias, porque término medio sí que no hay (yo tuve hasta tiempo de averiguar que algunas sevillanas se sumaban alegremente a la congestionada marea humana de las procesiones pero no precisamente por devoción religiosa, sino por otras razones mucho menos confesables). Disfruté yo más que Rufus en aquellos días, me parece, de todas formas. Cuando no hablábamos de mujeres o de blues, de lo que hablábamos, básicamente, era de blues o de mujeres, como suele ocurrir. Pero es que la "escena local" ya era otra cosa bastante diferente a la de cinco años antes (los prolegómenos de la dichosa Expo 92, encima), lo mismo que nuestros propios caminos se estaban separando, sin intuirlo siquiera y sin motivo aparente, pero de manera inexorable y, desgraciadamente (ahora más que nunca) definitiva.

Todos cometemos errores. El mío fue permitir que la mera distancia geográfica, y los inevitables cambios en la situación familiar, me condujeran a perder el contacto y dejar languidecer un vínculo de amistad que (a buenas horas me doy cuenta) debería haberse visto fortalecido con el paso de los años. Porque razones nos sobraban a ambos. No ya por la música, ni por haber pasado muy buenos ratos juntos; aunque esto cuenta, no es suficiente para garantizar la supervivencia de una sólida amistad. Teníamos algo más: teníamos, creo, una absoluta compatibilidad de caracteres. Algunos decían que Rufus tenía un carácter complicado; no para mí, desde luego (pues habría que ver cómo calificamos el mío, que yo es que ¡huyo de hacer nuevas amistades desde siempre! ¿Para qué, para coleccionar "conocidos", llamarles "amigos" y así creerme que soy "muy popular"? Éso no lo he necesitado nunca). Por si esto no bastara, está la "cuarta pata del banco", lo mucho que podíamos habernos aportado el uno a otro, en muchos aspectos y de manera desinteresada siempre, ahora beneficiados ambos por la experiencia vital. "I wish I knew then what I Know now!", como cantaba Junior Wells, verdades como puños.

Fue Rufus un hombre obsesivo y perfeccionista (con el que inevitablemente tenía que congeniar, porque yo también lo soy), posiblemente una especie ya en extinción en estos tiempos y en estos lares, el país de la "sana envidia" (sanísima, vamos), donde prima la chapuza y el "todo vale, mientras no te pillen"; donde casi nadie sabe ya lo que es la ética ni hacer las cosas bien sólo por el gusto de que queden bien. Rufus lo sabía perfectamente, y se llevó sus disgustos por ello. Era, además, un hombre multifacético como he conocido muy pocos -por no decir ninguno-, un artista del que cualquiera podría haber aprendido cosas: tal vez el primer fotógrafo que prestó atención al Blues en este país (a mí me enseñó a disparar una vieja cámara Zenith cuando todo eso de los diafragmas y la exposición me sonaba a chino); un cocinero avezado, un experto en bricolage y en temas de sonido (vaya pedazo de sistema de audio que se había montado en casa para escuchar a Rufus Thomas o James Brown en alta fidelidad lo mismo en la cocina que en la ducha) y, desde hace diez años, aunque yo lo he sabido ahora, también era un magnífico acuarelista.


Me pongo a Little Walter, esa armónica y esa voz definitivas a tempo lento:

Last night, I've lost the best friend I've ever had...

Hasta siempre, amigo Rufus. Todos vamos a tener que pasar a la otra orilla cuando nos toque. "Sólo las piedras viven siempre", como decían los ancianos a los niños y jóvenes entre los indios americanos. Pero también es verdad que nadie se marcha definitivamente mientras su recuerdo permanezca entre nosotros con suficiente fuerza. Para mí sigues aquí, entre nosotros, lo mismo que continúan sonando tan vivas como siempre la armónica de Mr Wells o la Telecaster de Mr Collins. Porque la amistad auténtica es una de las pocas cosas que pueden sobrevivir a lo que sea. Incluso a la distancia y -ahora puedo decirlo- también al paso del tiempo.

¡Que suene el "Funky Chicken" a todo trapo, compañero!

WALLACE COLEMAN 2017